Luces y sombras en el camino

En febrero de 1990 embarcamos en el vuelo que nos llevaba a Moscú. Llevaba en mente las luces y la ilusión de los cambios acelerados que estábamos viviendo con el derrumbe de los satélites del bloque soviético. Llevaba mis opiniones como guía, mi propia interpretación de La revolución Traicionada de León Trotsky. Había luces en el camino y sombras para los soviéticos que querían entender cuanto sucedía en la soledad de una vivencia íntima, por la censura y el miedo a compartir sus emociones.

En casa, en los sitios seguros, invitado por extranjero, me preguntaban para entender, para saber aquello que sin ayuda era para ellos imposible. Las luces y sombras se han convertido en una constante que me ha acompañado y ayudado a progresar en la meta que me propuse.

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